De los 3764 cruces con semáforos de las 12.000 esquinas porteñas, sólo el 30% es monitoreados a través de computadoras que alertan si uno de ellos se salió del sistema. El resto de los semáforos son vigilados por 27 equipos de asistencia que recorren las calles en camionetas para reparar aquellos que, por distintas causas, dejaron de funcionar.Asimismo, muchos semáforos aparecen con luminarias quemadas o bien la luz roja se repite esquina tras esquina por falta de sincronización, algo habitual en varios tramos de la avenida Cabildo, especialmente cuando atraviesa el barrio de Belgrano. También se advierte en la avenida Juan B. Justo donde unir Palermo con Liniers en hora pico puede llegar a demandar más de una hora.
Otro problema de los semáforos es sus luminarias ya que sólo el 34% de las 110.000 lámparas que hay son de LED cuya vida útil es de entre tres y cuatro años. El LED utiliza sólo el 10% de la energía consumida por las lámparas incandescentes y tienen una vida estimada 50 veces superior a la de aquellas. Sin embargo, las actuales restricciones a las importaciones en la Argentina impide el recambio con esta tecnología dado que por ley ya no se permite la utilización de lámparas incandescentes, la Ciudad coloca, entonces, lámparas de luz halógena en los semáforos, cuya vida útil es de sólo dos meses.
Un inconveniente en los semáforos porteños surge de las numerosas calles transitadas que cruzan grandes avenidas y que tienen luces de corta duración, como ocurre en Avenida Del Libertador, donde, en ocasiones, se forman largas filas para atravesarla; eso pasa en las intersecciones con Ugarte, Quesada o Guayra, en el barrio de Núñez, según informa un matutino.Frente a esto, desde el gobieno porteño aseguran que en 2013, con el recambio de la fibra óptica que estamos haciendo, todo el funcionamiento de los semáforos porteños será óptimo, y en 2015 todos estarán monitoreados online, lo que nos permitirá regular las ondas verdes, hacer cambios temporales y saber con exactitud cuándo uno deja de funcionar.