“Lo que está haciendo Metrovías es presionar para conseguir una suba en los subsidios, teniendo a los pasajeros de rehenes. Esa es la explicación al anuncio de la concesionaria, de retirar 20 formaciones del servicio diario. Argumentan falta de presupuesto y la consecuencia directa será que las frecuencias entre coche y coche se alarguen, provocando un empeoramiento en el servicio. Que la jugada de Roggio sea tan fuerte se debe a la vieja relación comercial que mantiene con las gestiones K de Néstor y Cristina, quienes en su momento le otorgaron la concesión del ferrocarril San Martín en 2004. Es vox pópuli que un importante ministro kirchnerista banca a la empresa y por eso esta se atreve a presionar, porque sabe que si la castigan saldría a la luz una serie de negocios irregulares entre los K y la compañía”, le manifestó a Noticias Urbanas un ingeniero de Metrovías que fue consultado sobre los motivos del anuncio realizado por la compañía el lunes.
Y que explicó con claridad cuál es el motivo fundamental de la actual crisis del sistema de subtes y por qué la Nación, frente a los gastos que genera poner en condiciones al servicio, quiere que la Ciudad se haga cargo del mismo, más allá de que al gobierno de Macri esto le corresponda por razones distritales y reglamentadas por ley, que están fuera de discusión.
Lou Reed retrató en aguijoneantes rocks urbanos el desencanto de la ciudad que ama: Nueva York. Sus crónicas chorrean asfalto, rascacielos, pérdidas e historias insoportablemente verídicas en donde el mal vence todo el tiempo al bien. La canción “Apagar la luz” integra el disco de 1983 titulado Legendary Hearts, y una de sus frases tiene la contundencia de un gancho a la mandíbula. “¿Y cuál es la diferencia entre el bien y el mal?”, se pregunta en voz alta Reed, acorralando al oyente a responder, en los tiempos que corren, “ninguna”. Y esa no diferencia entre lo que está bien y lo que está mal se corporiza de una manera trágica en el reino de la política. Un claro ejemplo es la guerra que vienen llevando a cabo, desde hace tiempo, quienes gobiernan la Nación y la Ciudad, oponiéndose a lo que dice el contrincante por el mero hecho de que el otro es el enemigo, sin tomar en cuenta si lo que hacen beneficia o perjudica a la sociedad que los votó.
Eso describe el conflicto que mantienen ambas administraciones por el traspaso de la red de subterráneos. Lo peor del caso es que a medida que la escalada entre el kirchnerismo y el macrismo aumenta, el servicio empeora y los únicos perjudicados son los usuarios. Las pruebas del caso son incontrastables. Desde que el viernes 8 de enero el Gobierno porteño subió el boleto de subte a 2,50 pesos, el servicio no hizo más que empeorar. Hubo nuevas medidas de fuerza, paros y frecuencias de espera cada vez más largas entre formación y formación, y denuncias de los empleados acerca del mal estado de los vagones y el peligro que esto acarreaba. La frutilla del postre se conoció este último lunes, cuando la empresa concesionaria del servicio, Metrovías, informó que retiraba de circulación 20 formaciones debido a su deterioro y, tras aducir su imposibilidad monetaria de acondicionarlas, informó que la frecuencia entre coche y coche, que por lo general es de tres minutos promedio, se extenderá a casi el doble, con lo cual viajar será más complicado.