Juan Domingo Perón -el argentino más relevante del último siglo en la política- había regresado definitivamente al país en un convulsionado 1973 y poco después asumió su última presidencia: ganó las elecciones con más del 60% en fórmula con su tercera esposa, Isabel Martínez. La vuelta en junio de 1973 fue caótica, con millones de personas movilizadas para recibirlo en Ezeiza y la masacre que se desató allí por el enfrentamiento entre la ultraderecha peronista (acaudillada por José López Rega) y los amplios sectores juveniles y de izquierda. Esa batalla fue el anticipo de los enfrentamientos -a los tiros- que se sucederían en adelante. En todos los terrenos y en todas las provincias. Ni la presencia de un Perón mucho más abierto y sosegado que décadas antes -le había abierto los brazos a la UCR, en un encuentro con Ricardo Balbín- pudo aplacar la tensión. Su salud decaía aceleradamente. Junio del 74, en la Plaza, marcó su despedida, con aquellas inolvidables palabras: “Llevó en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”. Murió el 1° de julio de 1974, a los 78 años. Fue despedido por una multitud. Y el país entró en las sombras.