La fotografía de la Plaza de Mayo no muestra un tránsito fluido, ni para peatones ni para los vehículos; por el contrario, es cada vez más restringido. ¿Por qué? El Gobierno nacional amplió la cantidad de vallas que obstaculizan la circulación y estarán colocadas allí hasta pasadas las elecciones del 27 de octubre. Desde el Ministerio de Ambiente y Espacio público porteño cuestionaron la medida, que consideraron “injustificada”. Además, se mostraron molestos porque no recibieron aviso, teniendo en cuenta que es en un espacio verde que pertenece a la Ciudad. Los vallados, supuestamente colocados para resguardar la seguridad presidencial, tienen una consecuencia visible: unos 150 mil pasajeros de las 14 líneas de colectivo que tienen parada en la plaza se ven afectados por los desvíos de recorrido. El embudo de tránsito, entonces, se concentra a diario -más que nada en hora pico- en las avenidas La Rábida y Paseo Colón.
Desde la semana pasada, hay vallas en Rivadavia y Alem; Hipólito Yrigoyen y Diagonal Sur y en todas las transversales, incluyendo Defensa y Balcarce. Además, se extendieron las que dividen la plaza en dos, para bloquear las calles laterales. Yrigoyen quedó totalmente cortada. El ministro Diego Santilli sostuvo que es una “barbaridad” haber extendido los vallados porque afectan a los usuarios de colectivo y porque no hay una razón justificada. “Entendemos que se cierre cuando hay manifestaciones, pero no de forma permanente”, sostuvo. Las autoridades porteñas y nacionales también se cruzan desde hace tiempo por la Plaza Colón, detrás de la Rosada, que está cerrada desde 2007. Ciudad exige que se reabra para los vecinos.