En la Argentina cada año nacen unos 6000 bebés con problemas cardíacos que, debido a la fragilidad de sus pulmones y conductos respiratorios, corren mayores riesgos de sufrir otras complicaciones como bronquiolitis o neumonía. La cardiopatía congénita (CPC) es una de las principales causas de muerte en menores de un año, por lo que el 70% de los que la padecen requieren una cirugía en su primer año de vida. Muchos de ellos son operados por el equipo médico de Cardiología del Hospital Garrahan, referente nacional en la atención de cardiopatías congénitas, que acaba de ser distinguido por la Sociedad Argentina de Cardiología por su estudio sobre las secuelas en la sobrevida de los pacientes jóvenes y adultos con esa enfermedad.
El equipo encabezado por el doctor Horacio Capelli recibió el Premio Dr. Mauricio Rosenbaum al mejor trabajo publicado en el año 2014 en la Revista Argentina de Cardiología por su estudio “Bypass total del ventrículo pulmonar: complicaciones y sobrevida en el seguimiento alejado“. La investigación consistió en reportar el impacto en los pacientes adolescentes y adultos que fueron intervenidos quirúrgicamente con una técnica conocida como Fontan-Kreutzer. La importancia reside también en el hecho de que se estima que en el futuro la población de adolescentes y adultos con cardiopatías congénitas superará a la pediátrica en el país.
“El premio es por un trabajo con 170 chicos que nacieron con un ventrículo único (no dos como la población con corazón sano) y debieron ser sometidos a dos o tres cirugías que consisten en hacer un by pass de la válvula que bombea el tronco pulmonar. Es paliativa, no es correctora, pero es la mejor opción. Ocurre que siempre hubo incertidumbre en cuanto a la durabilidad y el estado de la calidad de vida de estos sobrevivientes cuando sean grandes”, puntualiza Capelli.
Desde 1998, el Garrahan cuenta con el primer Consultorio de Seguimiento de Cardiopatías Congénitas del Adolescente y el Adulto en un hospital público pediátrico. Sucede que, como explica Capelli, “en los nosocomios de adultos no tienen recursos humanos ni técnicos para tratarlos”. Entonces se hace el seguimiento desde el hospital pediátrico y, cuando hay que reoperar a un paciente, por ejemplo, a los 20 años de edad, prefieren que esa intervención vuelva a realizarse en el Garrahan.