Una jornada histórica llena de simbolismos, buscados e inconscientes, que marcan una nueva era. Ante una Plaza de Mayo colmada de banderas argentinas, sin distinción partidaria, y desde el balcón de la Casa de Gobierno al que Cristina Kirchner esquivó durante los últimos 8 años, Mauricio Macri hizo su presentación en sociedad como Presidente de la Nación. Con el diálogo y la unidad como estandartes, Macri buscó diferenciarse y dejar en el pasado una época signada por las divisiones y las peleas. “Es lo que quiero, que nos podamos expresar en libertad, que podamos pensar diferente pero trabajar juntos. Prometo siempre decirles la verdad, siempre ser sincero”, lanzó desde la Rosada.
La manera en que se resolvió la larga polémica por el traspaso terminó siendo funcional a la búsqueda del nuevo presidente para mostrar una nueva forma de hacer política. Juró ante una Asamblea Legislativa casi desierta de dirigentes K, sin Cristina y sin la arenga típica de La Cámpora. No hubo cantos de cancha ni mensajes altisonantes. El líder de Cambiemos lanzó un discurso conciliador, habló sólo 27 minutos, sentado y leyendo gran parte del texto. Prometió trabajar para la unidad de los argentinos, cuidar “a los más necesitados” y avanzar hacia el desarrollo productivo.
Tras la ceremonia, corta, que terminó 30 minutos antes de lo planificado, Macri encabezó una caravana junto con su mujer, Juliana Awada, a través de Avenida de Mayo con rumbo a la Casa de Gobierno. Allí, el senador Federico Pinedo le entregó el bastón y la banda. Pero la noticia fue “la no foto”. Mientras la ceremonia se desarrollaba, Cristina regresaba en clase turista a Río Gallegos. Por primera vez desde el retorno de la democracia el presidente no recibió los atributos de manos de su sucesor constitucional.
Enseguida, Macri, Awada, su pequeña hija Antonia, la vicepresidenta Gabriela Michetti y una de las mayores artífices de la victoria de Cambiemos, la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, comenzaron atravesar los pasillos de la Rosada para asomarse al balcón. Allí los esperaba una multitud enardecida al grito de “¡Sí se puede!”, el latiguillo que se multiplicó a lo largo del país durante la campaña y que se terminó convirtiendo en un himno para los seguidores del ex jefe de Gobierno porteño.
“Les prometí que iba a armar un gran equipo, hoy tenemos un equipo listo para empezar a trabajar. Necesito que todos los argentinos nos acompañen, nos alerten cuando nos equivocamos, que participen, tenemos mucha vocación por hacer, por hacer cosas que ayuden a que ustedes vivan mejor”, dijo Macri con su hija en brazos. .
Luego de la relativa calma ante la Asamblea y una ceremonia protocolar en la Rosada, Macri se desató como en los actos de campaña de Cambiemos. Bailó en el balcón, de una punta hacia la otra, mientras Michetti cantaba Gilda. Una jornada en la que Macri fue más Macri que nunca.
Constituyó uno de los puntos emotivos de un día verdaderamente frenético, que había arrancado temprano en La Plata -cuando Macri asistió a la investidura de María Eugenia Vidal como gobernadora- y culminaba anoche con la función de gala en el Teatro Colón. En el medio, estuvo también la toma de juramento a los nuevos ministros y la recepción a las delegaciones extranjeras, principalmente a los presidentes de los países hermanos de Sudamérica.