Si bien los corrieron de Retiro o de la peatonal Florida, los manteros se las ingenian para seguir ofreciendo sus productos en la vía pública. Y a medida que se acercan las fiestas de fin de año, la preocupación de los comerciantes por la competencia ilegal crece: según estimaron en la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), entre Navidad y Año Nuevo los puestos callejeros podrían facturar unos 260 millones de pesos, cifra que sería mucho mayor si se agregara la facturación de las ferias saladitas. De acuerdo con el último informe elaborado por el organismo, en noviembre hubo en la Ciudad 2.484 manteros, un 5,84 por ciento más que en el mes anterior. “Calculamos que la venta ilegal por las fiestas llegará a los $770 millones entre saladitas y manteros. Y si sólo consideráramos la venta callejera, serían $260 millones. Los rubros más perjudicados serán indumentaria, juguetería, calzado y bijouterie”, sostuvo Vicente Lourenzo, secretario de prensa de la CAME.
Al igual que los comercios legales, la venta ilegal acomoda su oferta a la época del año. Así como para el Día de la Madre aparecen ofertas y promociones para las mujeres, lo mismo ocurre con la Navidad a la vuelta de la esquina. No sucede lo mismo para Reyes, porque es una fecha que perdió atractivo comercial con respecto a las últimas décadas y porque muchos de los comerciantes se van a trabajar a la Costa Atlántica, dado el éxodo de turistas. Según el informe que difunde mensualmente la CAME, los centros comerciales que más se ven perjudicados por la venta callejera son Liniers, Once y la avenida Avellaneda, donde ayer los comerciantes llevaron a cabo el octavo corte para protestar. Se quejan, entre otras cosas, porque la inflación y la presión impositiva los perjudicaron notoriamente y favorecieron la expansión de la venta ilegal en más barrios.