Al siempre cuestionado patrimonio de Cristina Fernández, ahora se sumó un testimonio que revela presuntas compras millonarias de joyas en “negro” por parte de la presidenta de la Nación.En su última edición, la revista Noticias publicó el testimonio de un testigo que asegura que la mandataria utiliza colaboradores para adquirir collares y aros en Jean-Pierre, una emblemática y reconocida joyería de la Avenida Alvear.“Enrique y Claudia Stad, que son los dueños, se cansan de repetir que ella (por la Presidenta) compra ahí. Lo sé por ellos y por todos los que estaban ahí adentro”, asegura Sergio Hovaghimian, ex representante de Jean-Pierre.

El joyero, quien trabajó por más de 10 años con los Stad, afirmó que Cristina gasta “entre 500 mil y un millón de dólares por año”. “Empezó a comprar joyas después de haber enviudado, en el 2010. “Nunca se factura nada en Jean-Pierre. Es todo en negro”, precisó.¿El sistema? Para hacer sus compras, la jefa de Estado cuenta con dos asesores: Gabriela Guerrero Marthineitz, hija del recordado locutor peruano Hugo Guerrero Marthineitz, y su ex secretario Daniel Muñoz, relacionado también al traslado de valijas con dinero a Santa Cruz.

“Gabriela venía y elegía las joyas que Cristina había visto en los catálogos. Se las llevaba ella u Oscar Garín, el jefe de Seguridad. Garín después iba y cobraba la plata. Daniel Muñoz, el ex secretario de Cristina, era uno de los que le pagaba el dinero a Garín. En el mercado de las joyas todo es en dólares”, precisa el testigo.Sobre las joyas en sí,  Hovaghimian afirma que la debilidad de la presidenta son los collares de perlas, cuyo precio oscila entre los 80.000 y 120.000 dólares. Los aros, que también la apasionan, salen entre 4.500 y 10.000 dólares.Por su parte, Enrique Stad, uno de los dueños Jean-Pierre, aseguró que no tiene a la mandataria entre sus clientes y señala que esa acusación es un invento de su ex socio, quien lo denunció por trabajar varios años en negro.Sin embargo, admite que la hija del fallecido locutor Guerrero Marthineitz recurre al menos cada dos meses a su joyería, aunque remarca que no sabe para quién trabaja.