Con una demora inesperada por la lluvia y el barro comenzó la poda de los rosales en El Rosedal de Palermo y la entrega de esquejes (gajos) a los vecinos, el evento que todos los inviernos convoca a miles de porteños para tener un pedacito del emblemático parque en sus casas.La entrega continuará hasta el viernes 21, en el horario de 13 a 17. En tanto en el rosedal de Parque Chacabuco, los tallos se podrán retirar el martes 18, de 10 a 14 horas, y el miércoles 19, de 14 a 18. El año pasado más de 15 mil vecinos se acercaron al predio de Libertador y Sarmiento a recibir sus tallos de rosas para llevar a sus casas.

«Se cortan los tallos y las ramas más gruesos y se deja un plantín despojado de hojas y flores, que sobresale unos 50 cm del suelo», explica. El grueso de lo que se poda se convierte en esquejes, unos tallos con espinas de unos 30 cm que se entregan a los vecinos, 5 por persona, junto a un instructivo para lograr que esos gajos se transformen en plantas. «Se dejan 24 horas con un tercio del tallo bajo el agua. Al día siguiente hay que pasarlo a una maceta con tierra fértil, en lo posible con compost y perlas. Y dejarlo ahí hasta el invierno que viene. Entonces ya habrán echado raíces y se habrán convertidos en rosas que algún día serán trasplantadas», describe Héctor, haciendo un alto en la poda aunque con la cizalla todavía en sus manos.

El Rosedal ganó su fama mundial en 2012, cuando obtuvo el Garden Excellence Award (Premio al Jardín de Excelencia), un reconocimiento otorgado por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas (WFRS). Es el único Rosedal de Latinoamérica en obtener ese galardón, y uno de los pocos en todo el mundo. El título debe ser revalidado todos los años por un jurado. Si El Rosedal no cumpliera con el protocolo de excelencia de la Federación, inmediatamente su nombre sería retirado de la lista que aparece publicada en la página oficial de la entidad. Desde 2012, su nombre está allí y miles de personas de todo el mundo vienen a visitarlo por ese motivo.

“La poda de El Rosedal ya se transformó en una tradición para los vecinos. Lo más importante es cómo antes todo esto se consideraba ‘basura’ y hoy los vecinos pueden adoptar un lugar tan emblemático de la Ciudad como propio y llevarse un pedacito a sus casas” Desde que la Ciudad decidió repartir los esquejes miles de pedacitos de El Rosedal de Buenos Aires se reproducen, todos los años, en distintos hogares de Buenos Aires y sus alrededores.
Foto:Alberto Raggio / GCBA