{"id":27372,"date":"2014-12-23T14:04:49","date_gmt":"2014-12-23T17:04:49","guid":{"rendered":"http:\/\/vocesdebaires.com.ar\/wordpress\/index.php\/2014\/12\/23\/exposicion-sobre-los-imaginarios-eroticos-del-siglo-xix\/"},"modified":"2014-12-23T14:04:49","modified_gmt":"2014-12-23T17:04:49","slug":"exposicion-sobre-los-imaginarios-eroticos-del-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/2014\/12\/23\/exposicion-sobre-los-imaginarios-eroticos-del-siglo-xix\/","title":{"rendered":"Exposici\u00f3n sobre los imaginarios er\u00f3ticos del siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">\u201cTambi\u00e9n el arte debe guiar al amor\u201c, se lee en la entrada de La seducci\u00f3n fatal. Imaginarios er\u00f3ticos del siglo XIX que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. La frase forma parte del poema El arte de amar, de Ovidio. No es casual que amor y sexualidad se encuentren en una muestra art\u00edstica ya que, en la historia del desarrollo humano, el uno nace de la otra. Lo que sucedi\u00f3 en el siglo que se investiga aqu\u00ed, el XIX, es que se busc\u00f3 inhibir este v\u00ednculo. En su libro Cada vez que decimos adi\u00f3s, John Berger se ha ocupado de explicar la razones de esta inhibici\u00f3n al indicar que en la pr\u00e1ctica capitalista \u2013en el momento en que el capitalismo se impon\u00eda en el mundo entero\u2013 el amor deb\u00eda ser reducido a lo privado ya que la concepci\u00f3n del tiempo en t\u00e9rminos productivos no dejaba lugar para la energ\u00eda del amor, dispersa, avasallante. A esto se le suma la sexualidad restringida a la reproducci\u00f3n para poblar el futuro. El arte no qued\u00f3 exento de estas tensiones, que rebasaban el espacio privado para ser sociales y pol\u00edticas. Bajo esa luz, La seducci\u00f3n fatal se transforma en un recorrido cautivante por los imaginarios del amor y el sexo cuya encarnaci\u00f3n principal es \u2013nada casualmente\u2013 el cuerpo de las mujeres. Y si bien los artistas eran en su mayor\u00eda varones, resulta perturbador el modo en que en varias de las 65 obras exhibidas \u2013pinturas, esculturas pero tambi\u00e9n grabados dibujos, fotograf\u00edas e impresos\u2013 las mujeres se abren paso, se imponen como due\u00f1as de su deseo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">\u201cEl recorte temporal de esta muestra abarca el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, cuando la antigua imaginer\u00eda er\u00f3tica de Occidente se reformul\u00f3 para el consumo burgu\u00e9s\u201c, explica la curadora Laura Malossetti Costa, doctora en Historia del Arte e investigadora del CONICET. Y agrega: \u201cEsto se ve, por ejemplo, a trav\u00e9s de la mirada orientalista desde que se tradujeron Las mil y una noches en el siglo XVIII y desde que Europa empieza a tener una expansi\u00f3n imperial hacia Oriente. Es decir, todo ese erotismo considerado ex\u00f3tico \u2013con sus harenes, sultanes y lujos\u2013 aliment\u00f3 la imaginaci\u00f3n de Europa. E incluso, en algunos casos, se fusion\u00f3 con los imaginarios religiosos, como en Las mensajeras de Satan\u00e1s, de \u00c9tienne Dinet. Esa es una extra\u00f1a pintura que alude a esta cuesti\u00f3n en clave moralizante, aunque de un modo ambiguo en su gestualidad: un Satan\u00e1s de aspecto oriental y dimensiones sobrehumanas instruye a sus esclavas con la palabra, seg\u00fan vemos en el gesto de su mano izquierda, mientras sujeta por la mu\u00f1eca a una de ellas, que parece resistirse a escucharlo. Pero la imaginer\u00eda er\u00f3tica tambi\u00e9n se transform\u00f3 por cuestiones m\u00e1s pragm\u00e1ticas, como los nuevos lugares que las mujeres comenzaron a ocupar en la sociedad del trabajo.\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">\u201cEsta exposici\u00f3n re\u00fane un conjunto de obras que conformaron la cultura de una elite que instal\u00f3 en Buenos Aires los h\u00e1bitos y gustos de una modernidad urbana europeizada, pero tambi\u00e9n un nuevo ordenamiento de los cuerpos, del deseo y de las relaciones de g\u00e9nero\u201c, contin\u00faa. En ese sentido, se exhibe obra de artistas europeos y argentinos \u2013y tambi\u00e9n del uruguayo Juan Manuel Blanes\u2013 en un momento donde los viajes por el mundo comenzaban a ser frecuentes y, en consecuencia, a crear miradas h\u00edbridas. Una evidencia es la serie de pinturas de rapto, como La cautiva, de Blanes (pintada alrededor de 1880). \u201cEl rapto como representaci\u00f3n del deseo de tomar por la fuerza a una mujer, aparece desde la antig\u00fcedad como un motivo b\u00e1sico del erotismo masculino a trav\u00e9s de los toros y los centauros con cuerpo de hombre y de caballo. En el siglo XIX aqu\u00ed el indio pas\u00f3 a ser una suerte de centauro que se robaba a las mujeres blancas y as\u00ed se inscribi\u00f3 en el imaginario aunque en realidad fueran muchas m\u00e1s las indias secuestradas por varones blancos\u201c, explica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Justamente, el gui\u00f3n curatorial est\u00e1 organizado en cinco n\u00facleos: Erotismo y violencia: el rapto; Prisioneras y cautivas; Desnudo, voyeurismo y trasgresi\u00f3n; Seductoras fatales y musas modernas. En ellos, el cuerpo desnudo ocupa un parte importante. \u201cEl cuerpo desnudo fue pr\u00e1cticamente sin\u00f3nimo de arte en la cultura occidental moderna hasta comienzos del siglo XX. Fue el punto de llegada en la educaci\u00f3n art\u00edstica desde la formaci\u00f3n de las primeras academias europeas: el gran g\u00e9nero de la pintura de historia exig\u00eda el desnudo de los dioses y de los hombres y mujeres antiguos. Pero el desnudo femenino fue prevaleciendo de un modo abrumador, y adquiri\u00f3 una tal autonom\u00eda que sobre el fin del siglo XIX se pintaron miles de im\u00e1genes suavemente er\u00f3ticas de mujeres para el consumo burgu\u00e9s. El cuerpo femenino fue la imagen misma de la belleza art\u00edstica\u201c, se lee en el cat\u00e1logo. Fueron los vanguardistas quienes redoblaron la apuesta y apostaron por la belleza en su aspecto terrenal. Esto se advierte en una de las obras centrales de la muestra: El despertar de la criada, de Eduardo S\u00edvori (1887) que tanto revuelo caus\u00f3 al cambiar los desnudos marm\u00f3reos de diosas rubias por la tosca exhuberancia de una empleada que muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde podr\u00eda haber sido considerada una \u201ccabecita negra\u201c. \u201cLos desnudos pintados a fines de la d\u00e9cada de 1880 por S\u00edvori y Eduardo Schiaffino construyeron un erotismo otro, problem\u00e1tico. Ninguno de esos cuerpos respond\u00eda a los c\u00e1nones tradicionales de belleza y sensualidad que triunfaban en los salones y que ellos mismos valoraron como obras para integrar al museo y las colecciones argentinas\u201c, observa la curadora. De hecho, la muestra est\u00e1 armada casi en su totalidad con la colecci\u00f3n del Museo. Algunas de ellas se exhiben por primera vez, como el caso de La visi\u00f3n de Fray Mart\u00edn \u2013con la Duda convertida en diosa l\u00fabrica que doblega al religioso\u2013 del espa\u00f1ol Vicente Nicolau Cotanda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Pero a la vez, la idea de La mirada fatal es transformar el car\u00e1cter sacralizado de \u201cobras de arte de museo\u201d seg\u00fan una nueva mirada, vincul\u00e1ndolas con otras manifestaciones de la cultura popular de su tiempo. Por eso se incluyen folletos y revistas cedidos por la Biblioteca Nacional. Tambi\u00e9n se suman daguerrotipos y una secci\u00f3n de cine er\u00f3tico y pornogr\u00e1fico de comienzos del siglo XX en Buenos Aires. Todas estas son joyas raras y evidencian que el deseo es una brasa ardiente que atizan dos: quien mira y quien es mirado. Poco importa que entre ambos se abra un abismo de tiempo. En esa fatalidad radica el encanto de esta muestra.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cTambi\u00e9n el arte debe guiar al amor\u201c, se lee en la entrada de La seducci\u00f3n fatal. Imaginarios er\u00f3ticos del siglo XIX que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. La frase forma parte del poema El arte de amar, de Ovidio. No es casual que amor y sexualidad se encuentren en una muestra [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":27373,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[45,37],"tags":[],"class_list":["post-27372","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-espectaculos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27372"}],"collection":[{"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27372"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27372\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/27373"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27372"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27372"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vocesdebaires.com.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27372"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}