El último informe del INDEC ratificó que casi no quedan indigentes en la Argentina: apenas llegan al 1,5% de la población, que es lo mismo que decir que hay solamente 600.000 indigentes en todo el país. Pero ese no es el único dato llamativo del relevamiento oficial, sino que el organismo también sostiene a través de sus cifras que la pobreza tiene un alcance limitado y afecta apenas al 5,4% de la población (2,1 millones).
¿De dónde surge esta diferencia entre la realidad y las estadísticas? Los manuales del INDEC marcan que la indigencia se mide comparando los ingresos de los hogares con los componentes de una Canasta Básica de alimentos que se valoriza “con los precios relevados por el Indice de Precios al Consumidor (IPC) para cada período de medición”. Y que a partir de ese dato, se determina también la línea de pobreza.
Así, el valor de la canasta básica está “contaminado” por el IPC o la cifra de inflación que, a su vez, “contamina” los indicadores de indigencia y de pobreza. Por esta razón, el valor de la canasta básica de una familia tipo es de $24 por día o $6 diarios por persona. Con este cálculo, cualquier familia que disponga ingresos provenientes del salario, la jubilación, renta o ayuda social de $24 o una persona con más de $6 diarios, no es indigente. Siguiendo esta línea, es que el INDEC puede informar que en las provincias del Norte (NOA o NEA) casi no hay indigencia. Evidentemente, esta realidad no puede ser maquillada por las estadísticas -cada vez menos rigurosas- del INDEC. Y así como nadie toma por referencia el IPC para discutir salarios, alquileres o cualquier otro contrato, las cifras oficiales de indigencia y pobreza tampoco sirven para trazar una radiografía social de la Argentina.