Tal como venían denunciando las organizaciones que velan por el patrimonio arquitectónico porteño y las colectividades italianas, la decisión de desmontar la estatua de Colón para su refacción fue incorrecta. Los funcionarios y técnicos enfrentados en la causa que recorrieron los trabajos que se están realizando coincidieron en que las mejoras deberían haberse hecho sin desarmar el grupo escultórico. La obra, ubicada detrás de la Casa Rosada, permanece recostada sobre el piso desde hace cuatro meses. Así que el gobierno sigue con la postura de decir , mejor destruir que construir.
A esa conclusión llegaron los funcionarios judiciales, técnicos convocados por la Ciudad, por Nación y representantes de la ONG Basta de Demoler. Esta última agrupación es la que impidió el traslado del monumento mediante un amparo judicial. Además, según trascendió, cuestionaron que se está trabajando con cortafierros que podrían dañar la estructura. Las partes deben presentar los informes correspondientes en diez días. El conflicto por el monumento comenzó a mediados de año, luego de que se conociera que Nación pretendía trasladar a Colón a Mar del Plata para poner en su reemplazo una estatua de Juana Azurduy (ver recuadro). La decisión levantó revuelo, más puntualmente entre las colectividades italianas. Es que la obra fue donada por italianos en 1910, en conmemoración del Centenario de la Revolución de Mayo. Se trata de un grupo escultórico de primer nivel, diseñado por Arnaldo Zocchi. El caso finalmente llegó a la Justicia porteña, que decidió que la figura del genovés no podía ser movida del lugar hasta que se definiera la cuestión de fondo, que tiene que ver con la propiedad de la estatua: ¿Pertenece a Nación o a Ciudad?