Alberto Edgardo Barbieri es un histórico de la "rosca" de la UBA. El rector electo en la Asamblea Universitaria ocupaba desde 2010 el cargo de vicerrector de la prestigiosa casa de estudios. En otras palabras, es un habitué de la cocina y de las altas estructuras del poder académico. De profesión contador, ocupó dos veces el decanato de la Facultad de Ciencias Económicas: del 2006 al 2010, y luego fue reelecto para el período 2010- 2014. Como la mayoría de las autoridades, es profesor titular de la sede -en la materia Administración de la Salud-, y cuenta con una formación curricular extensa, con un doctorado en el área de Administración y Contador Público y varias maestrías. Como en toda organización en la que existen cargos, espacios de poder, influencias, y recursos financieros y simbólicos, Barbieri debió tejer estrategias y apoyarse en una estructura política para poder acceder a los ámbitos de gestión. En concreto, representa la continuidad del armado electoral que sostuvo a Rubén Hallú como rector, la autoridad saliente de la conducción de la UBA.
Ahora bien, la columna vertebral de sus candidaturas se articuló en torno al espacio de la Franja Morada-UCR, hoy a nivel estudiantil bajo el nombre "Nuevo Espacio". Desde el retorno de la democracia en el 83, los resortes de la UBA siempre fueron conducidos por los (nuevos y viejos) integrantes de la agrupación de la juventud radical, aunque debieron acordar con sectores del kirchnerismo y del Partido Socialista para retener los decanatos y el rectorado. No obstante, la hegemonía de "la Franja" nunca pudo ser cuestionada seriamente en los claustros de graduados y profesores. Su gestión al frente de la facultad de Económicas tuvo como hitos la inauguración junto a la presidente Cristina Kirchner del macizo anexo del edificio de la sede de Ciencias Económicas, sito en avenida Córdoba y Junín. La construcción, destinada mayoritariamente a cursos de posgrado, se inició con una donación de 1.300.000 dólares de Daniel Nycz, viejo graduado de la facultad, y completada por el Ministerio de Planificación Federal con una inversión de alrededor de 40 millones de pesos.
El dinero "extra" aportado por el Ejecutivo puso en evidencia uno de los secretos a voces de Barbieri: el trato directo que mantiene con el ministro Julio de Vido, y por lo tanto, con el Gobierno. La relación del decano con el funcionario es una de las consignas utilizadas por la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) para cuestionar la elección del profesor y la falta de autonomía de la universidad. Esta crítica fue profundizada días atrás, luego de la reunión que mantuvo el contador con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, donde le pidió presencia policial para evitar el boicot de la Asamblea Universitaria que lo designaría rector. Barbieri fue cuestionado también por las evaluaciones que realizó la Facultad al ONCCA (Organismo Nacional de Control Comercial Agropecuario), que lo calificó durante dos años como "moderno, ágil y eficiente". Entonces, la agencia de control terminó en un escándalo de corrupción y debió ser disuelta.
Criticas al modelo de Universidad
La oposición de Barbieri, que incluye tanto a la militancia nucleada en la FUBA -los partidos del Frente de Izquierda, Marea Popular, entre otros-, el kirchnerismo estudiantil, y la Asociación Gremial Docente (AGD), suele también castigarlo con dureza por ser parte del "modelo privatista" que impulsó durante sus años de gestión en Económicas, y de la "casta antidemocrática" que se perpetúa en la dirección la UBA debido a la sobrerrepresentación de los votos profesorales. Según la opositora agrupación estudiantil "Movimiento x Económicas", el decanato de Barbieri se caracterizó de "devaluar carreras de grado en beneficio de los cursos pagos", posgrados onerosos, y "miles de convenios de dudoso contenido con empresas privadas y con organismos públicos, que precarizan, a través de pasantías truchas, a los estudiantes de la facultad". También lo acusan de gestionar la mayor sede con docentes "ad honorem" y de convertir a la Universidad en un "shopping", con aulas sponsoreadas por marcas y la instalación de comercios al interior de la casa de estudios, como la sucursal de un banco privado. Algunas de las denuncias por la "mercantilización" de los espacios fueron sustentadas inclusive por la Auditoría General de la Nación. "La orientación oficial nos conduce a nuevos recortes en las carreras de grado para favorecer posgrados arancelados, a una intensificación de los negociados que corren por vía paralela al menguado presupuesto estatal y a un crecimiento aún mayor de la ya descomunal precarización laboral, edilicia y de las condiciones de estudio", denunció la FUBA a Barbieri en un comunicado.