Cuando los corredores más audaces bordean los lagos de Palermo al trote, pasadas las 6 de la mañana, los gansos y patos todavía están durmiendo, estáticos, en el agua. “Es un espectáculo impresionante, digno de ser filmado”, exclama Luis, un vecino de la zona y habitual “runner”, al ver un centenar de estas aves inmersas en su descanso. El hostil tránsito allá afuera, sobre las avenidas Del Libertador, Figueroa Alcorta y Lugones, es casi imperceptible desde aquí adentro. Silencio, aire puro y naturaleza, para qué más.
Recién después de las 7 comienzan los primeros aleteos, casi coreográficos, sobre los tres lagos artificiales que tienen los Bosques. La escena se repite todas las mañanas y se convierte en un show, especialmente cuando las pequeñas aves dejan el agua y cruzan en fila la avenida Infanta Isabel que rodea los lagos. Al ser animales gregarios, se mueven siempre en grupo. Entonces, sin semáforo ni sendas exclusivas, atraviesan el asfalto como si fueran a tomar sol o a ver una muestra de arte en el museo Eduardo Sívori. Lo que ocurre es que el simpático show familiar a veces se torna riesgoso. No todos los automovilistas y ciclistas están avisados sobre las aventuras de los gansos y sucede lo que nadie quiere. Aunque la velocidad máxima está fijada en 20 kilómetros por hora para esta vía, los vecinos ya han reclamado alguna solución para evitar accidentes y resguardar su integridad.
Uno de los últimos percances se desató hace un par de semanas, cuando un auto arrolló a un ganso, tras lo cual un barrendero lo tomó de las patas y lo metió en una bolsa. Así de real. Así de cruel.Alejandro Pérez, director operativo del Parque Tres de Febrero, dice que este tipo de situaciones son excepcionales. “Hay que entender que es un parque urbano dentro de una gran ciudad, rodeado de avenidas importantes, donde los animales se han acostumbrado a vivir. Tenemos una política de no intervenir en los ámbitos naturales”, sintetiza el funcionario. Y se refiere al último incidente: “En realidad ocurrió porque un perro persiguió a un ganso y éste no fue tan cuidadoso al cruzar. El auto estaba parado, de hecho. También sucede que salen corriendo y se pegan contra un árbol y mueren. O a veces los caranchos se comen la cría de los gansos y decidimos no interceder en estas cuestiones. Es parte de la naturaleza”.
¿Por qué salen del agua? Por la simple razón de que buscan alimento. “Como la mayoría son herbívoros, salen para comer pasto, semillas, brotes o pequeños frutos e insectos. Nadie les da de comer, pero ellos tienen su propio sustento. Y de paso les ahorran el trabajo a los que cortan el césped”, explica Osvaldo Guerrica Echevarría, titular de la Asociación Amigos del Lago de Palermo.Incluso desde la Gerencia Operativa del Parque emitieron un comunicado en el que recomiendan a la gente no alimentarlos, porque puede entorpecer su normal desarrollo y contaminar el medio ambiente (ver aparte). Es por este motivo que resulta imposible colocar un cerco perimetral o limitar su área de acción. Las aves acuáticas también necesitan dejar el agua. “Tenemos que estar contentos de que estos retazos de naturaleza todavía existen. Ese es su lugar, no es que están paseando por la peatonal Florida o por Rivadavia”, ironiza Guerrica.
Aun con los riesgos del tránsito, los especialistas coinciden en que la inusual convivencia entre automovilistas, ciclistas, peatones y gansos se da en armonía. Y no es impedimento para el crecimiento de la fauna, todo lo contrario. Según el último censo de la Agencia de Protección Ambiental, en El Rosedal habitan 189 gansos adultos y 47 crías. Es la especie predominante de la zona, seguida por el pato criollo, el pato doméstico, las gallaretas y las garzas. La mayoría ya aprendió a cruzar la calle. ¡Cuidado!