Cerró sus puertas en el verano del 97 y nunca más las abrió. Hubo intentos de todo tipo para su recuperación, desde proyectos de funcionarios hasta movidas vecinales y de otras organizaciones. Pero no surtieron efecto. Tuvieron que pasar poco menos de 17 años para que se vislumbrara una solución (básicamente su reapertura) para la histórica Confitería del Molino, ubicada en Callao y Rivadavia, a metros del Congreso de la Nación. Justamente esta última institución es la que tiene todo muy avanzado para expropiar el inmueble y luego comenzar con el “operativo retorno”.

El proyecto de ley que lo “declara de utilidad pública y sujeto a expropiación por su valor histórico y cultural”, ya tiene media sanción del Senado y obtuvo recientemente dictamen favorable de las comisiones de Asuntos Constitucionales, de Legislación General, de Cultura y Presupuesto de Diputados y el 10 de septiembre podría ser tratado el tema en el recinto para su aprobación final.

El clásico edificio destacado por su arquitectura Art Nouveau pasará a ser patrimonio del Congreso Nacional. En el subsuelo y la planta baja funcionarían, a través de una concesión, una confitería, un restaurante y un local de elaboración de productos de panadería y pastelería, como en las grandes épocas. Habrá un museo que exhibirá la historia de la confitería, inaugurada en 1916 gracoas a un proyecto del arquitecto italiano Francisco Gianotti; y también se abrirá un centro cultural que se llamará “De las Aspas”, con el objetivo de difundir las obras y expresiones de artistas jóvenes de nuestro país.“Es un sueño de todos los bloques políticos y además forma parte de un momento glorioso de nuestro país. Una generación lo pudo construir y nosotros debemos restaurarlo”, se mostró ilusionado el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez (Frente para la Victoria).