Avanza la recuperación de la Confitería del Molino, un inmueble declarado monumento histórico y abandonado desde 1997, luego de la orden dada por el Poder Ejecutivo Nacional para que se concrete la expropiación que lo convierta en museo. La semana próxima estaría concluida la tasación encargada al Tribunal de Tasaciones de la Nación y luego se dispondrían los fondos necesarios para la compra y la restauración del edificio art noveau del arquitecto Francisco Gianotti.
Después de que vecinos y organismos no gubernamentales denunciaran en una nota de LA NACION el peligro que implicaba para los transeúntes los desprendimientos de materiales de la fachada, desde la semana pasada hay andamios colocados en el frente del inmueble situado en Callao y Rivadavia para la realización de tareas de mantenimiento.Paralelamente, el gobierno nacional estableció mediante el decreto 2026 que el Ministerio de Planificación Federal, a cargo de Julio De Vido, sea el organismo encargado de adquirir el inmueble para transferirlo sin cargo al Congreso, que se ocupará de su puesta en valor. Así, comenzó a acelerarse el cumplimiento de la ley de expropiación sancionada a fines de 2014.
“La Comisión Administradora del Edificio del Molino, dependiente del Poder Legislativo, se hará cargo del mismo“, recordaron fuentes del Ministerio de Planificación.“Antes del martes próximo estará lista la tasación, ya que hay voluntad política y de los dueños de acordar para acelerar el proceso”, agregó Mónica Capano, miembro de la Comisión Nacional de Monumentos.Si bien resulta incierto el monto que desembolsará el Estado, según fuentes del mercado inmobiliario el precio del metro cuadrado en esa zona de Balvanera asciende a los 2000 dólares y los actuales dueños, la familia Rocatagliatta, rechazaron antes varias ofertas pero ahora estarían dispuestos a vender.
En ese sentido, trascendió que el edificio compuesto por tres cuerpos de seis pisos distribuidos en más de 5000 metros cuadrados cuenta con un sinfín de deudas e impuestos impagos que harían bajar considerablemente su valor.En la tradicional esquina, donde durante años una tela de arpillera negra pendía a la altura del primer piso para contener desprendimientos de mampostería y vitraux, se pueden observar ahora los trabajos de consolidación de la fachada y andamios que sostienen una bandeja colocada a modo de protección en un ángulo de 45 grados.