Tras un largo camino en el Congreso y luego de la orden del Poder Ejecutivo para que se concrete la expropiación de la confitería del Molino, el operativo retorno se puso en marcha. El inmueble declarado monumento histórico se convertirá en un museo, un centro cultural, una confitería, un restaurante y un local de elaboración de productos de panadería y pastelería para honrar su historia.
Por lo pronto, el edificio -que permanece cerrado desde 1997- ya fue tasado por el Tribunal de Tasaciones de la Nación y el próximo paso será que se dispongan los fondos necesarios para la compra y su restauración. Todavía es una incógnita el monto que desembolsará el Estado. El metro cuadrado en esa zona de Balvanera llega a los 2.000 dólares, pero el edificio acumula deudas e impuestos impagos que harían bajar considerablemente su valor.
Quienes habitualmente pasan por el edificio de Rivadavia y Callao habrán encontrado varios andamios en el frente para que comiencen a realizar las tareas de mantenimiento en la fachada. Esta obra preliminar, además, responde a las múltiples denuncias de los vecinos de la zona y organismos no gubernamentales por el supuesto desprendimiento de mampostería, dado el estado de deterioro del complejo.
Por eso, los arquitectos se enfocarán primero en reparar los techos para evitar filtraciones de agua y revisarán los servicios de luz, gas y electricidad. También se restaurarán las oxidadas astas del molino, ubicadas en la cúpula y emblema del lugar. Luego sí llegará la recuperación de elementos históricos como muebles, adornos, lámparas y bronces, a cargo de la Comisión Nacional de Monumento.
De acuerdo con la ley aprobada a fines de 2014, el Poder Ejecutivo nacional adquirió el inmueble -a través del Ministerio de Planificación Federal- y luego deberá transferirlo sin cargo al Congreso. Está previsto que en el subsuelo y la planta baja funcione, a través de una concesión, una confitería, un restaurante y un local de elaboración de productos de panadería y pastelería. De esta manera, retomaría sus usos originales.
El resto del edificio -que tiene cinco pisos- estará dedicado a la historia de la confitería. Se conformará un museo para recuperar el paso a paso de su construcción y el rol cultural y político que tuvo en sus épocas de máximo esplendor. También funcionará un centro cultural que se llamaría “De las Aspas”, dedicado a difundir y exhibir la obra de artistas jóvenes.
Desde que la confitería cerró sus puertas en 1997 muchas fueron las voces que pidieron por su recuperación: no sólo los vecinos, que veían el deterioro día a día, sino también especialistas en patrimonio y políticos. En la Legislatura porteña, entre 2006 y 2012, se presentaron seis proyectos diferentes para intentar avanzar con su protección y recuperación. Pero ninguno de ellos obtuvo dictamen favorable de las comisiones y perdieron estado parlamentario. Lo mismo ocurrió en el Senado y en el Congreso en años anteriores. A fines de 2012, el ex senador Samuel Cabanchik logró que su proyecto avanzara hasta ser finalmente votado por ambas cámaras en noviembre de 2014.