Vivir del sol ya no es una utopía. Las empresas que venden sistemas solares para casas y departamentos viven un verdadero boom de consultas por estos días. Para instalar este sistema de agua caliente sólo se necesita una terraza o superficie vertical con un metro cuadrado de exposición solar directa, es decir, con orientación norte, según explica Manuel Pérez Larraburu, coordinador de proyectos de Colectando Sol, una ONG que dicta cursos gratuitos para aprender a construir el propio calefón solar, que es la estrella de los sistemas alternativos. ¿La razón? Permite la mayor reducción del consumo.

“Tenemos una gran convocatoria para estos cursos. A diferencia de las empresas que venden e instalan los sistemas, nosotros enseñamos a fabricarlos. Los asistentes aprenden en sólo una clase a hacerlo. Y únicamente pagan los materiales, que rondarán los 8000 pesos”, detalla. En la ciudad existen edificios públicos, como la Legislatura porteña y la Defensoría del Pueblo que alimentan parte de la energía que consumen con paneles fotovoltaicos. Ocurre lo mismo en otras casas. La energía solar que no consumen se inyecta a la red general. Pero no se le paga a quien aporta esa energía, como sí sucede en otros países, donde hay medidores que registran ese aporte y la empresa proveedora le paga al usuario. En España, por ejemplo, fueron tantos los que aportaban energía solar a la red eléctrica, en lugar de consumir, que hace dos años los clientes reclamaban a las empresas saldos a favor y el gobierno colocó un impuesto al uso de energía solar, con el rechazo masivo de los defensores de la energía limpia