Durante más de 2.000 años, los alquimistas persiguieron la búsqueda de la piedra filosofal, a la que creían capaz de convertir el metal en oro y de garantizar la vida eterna. Con un objetivo menos ambicioso, aunque trascendental para los tiempos que corren, una iniciativa impulsada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación Botellas de Amor transforma residuos plásticos en madera. El proyecto se completa con otros dos objetivos: educación ambiental en las escuelas y creación de puestos de trabajo para recicladores.

“En las botellas de amor podemos poner paquetes de fideos, de snacks, de alfajores, de galletitas. Todos esos plásticos hoy en día no cuentan con mercado de reciclaje y se pueden reintroducir de vuelta en el proceso productivo para transformarse en nuevas cosas”, explica Jaqueline Schell Delon, subgerente de Residuos Especiales Domiciliarios de la Secretaría de Ambiente, desde un punto verde móvil ubicado en el Parque Las Heras.

Una vez que la botella está llena de esos residuos, solo queda consultar en la web dónde está el punto verde móvil más cercano y allí lo pueden dejar. El proceso de transformación se realiza en la planta que la empresa 4E Madera Plástica, en Bernal. Hasta allí llegan las botellas de amor -envases rellenos con residuos plásticos de consumo diario- que los vecinos de la Ciudad entregan en los puntos verdes móviles que tiene la Secretaría de Ambiente porteña.

Una vez dentro de la fábrica, las botellas llegan a mano de los recicladores, quienes las abren para separar el envase de PET -que volverá a convertirse en botella y el resto de los residuos plásticos: paquetes de galletitas, snacks y fideos; cepillos de dientes; máquinas de afeitar sin el cabezal, etc. El siguiente paso es clasificar ese contenido, separarlo y someterlo a un proceso que convierte al plástico en una especie de papel picado. Esa mezcla pasa por una extrusora que la calienta hasta volverla maleable, como si se tratara de una inmensa masa de plastilina

Por último, el material se inyecta en moldes de hierro que son enfriados en una pileta y le dan forma de machimbres, listones de distintas medidas y postes. En la carpintería se realizan las terminaciones que permitirán usar esa madera plástica -más resistente a la corrosión, a la humedad y a las plagas que la real- para construir muebles, maceteros y juegos de plaza para niños. También en tablones como los que se usaron para renovar el piso del Puente de la Mujer, en Puerto Madero, y en otros mobiliarios urbanos adquiridos a través de un convenio de intercambio con la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad.